energia no renovable

energia no renovable

Los medios de comunicación, que alimentan generalmente la opinión de las mayorías y recibieron de forma entusiasta durante los primeros años el esfuerzo por promocionar las energías alternativas, han comenzado ya a recobrar la cordura y analizar los hechos con menos devoción y más información. Muchos medios de prestigio han decidido volver a su papel de cuarto poder, mostrando las trampas encubiertas tras la lotería de las energías verdes, abriendo sus páginas a informes contrastados o debates impensables hace tan sólo cinco años. Hoy los medios europeos están llenos de noticias y comentarios sobre los problemas causados por una estrategia energética errónea, cada vez más insegura e inefectiva.

Despacio, pero con las molestias propias de una fuerte resaca, Europa toma conciencia de la profunda crisis en que está cayendo el sector de las energías renovables, una catástrofe económica y una vergüenza política de la que sólo nosotros somos culpables.

El resultado de esta lotería energética impulsada por dos miedos infundados es haber colocado al sector industrial europeo al borde del colapso y crear una nueva forma de pobreza, la pobreza energética. El caos generado amenaza con socavar la situación económica y política de Europa en un mundo que se niega, lógicamente, a seguir su ejemplo. 

España es un caso especialmente doloroso. Debido al fracaso en el control de los subsidios garantizados el Estado ha contraído un deuda de 126.000 millones de euros frente a los inversores en energías renovables. Los drásticos recortes en los subsidios, incluso con carácter retroactivo, aplicados en los ultimos meses apenas suponen un atentado contra la seguridad legal de los inversores y colocar a más de 50.000 empresarios/inversores en plantas solares frente a un desastre financiero y la amenaza de quiebra. Esperpéntica resulta la idea del llamado “peaje de respaldo” que se prevee estará incluído en la nueva Ley de Reforma Energética, que gravará el autoconsumo de los particulares para solventar los problemas económicos de los clientes gubernamentales más avezados: las grandes eléctricas.

La suposición ingenua de los políticos según la cual las principales empresas de Europa aceptarían sin rechistar el cambio de las baratas energías generadas con combustibles fósiles por las mucho más caras generadas vía renovables ha tropezado con la cruda realidad. The Washington Post ha advertido recientemente de que Europa “se ha convertido en un fondo de papelera en lo referido a energía renovable. En lugar de convertirse en un modelo para el mundo, Europa se ha convertido en un modelo de cómo no hacerlo”. Los procesos de deslocalización en Alemania ya son alarmantes.

Hasta hace poco, Europa se proyectaba a sí misma como el líder mundial en cuanto a la protección del clima y desarrollo de energías renovables. Alemania se situó desde el inicio en la primera línea de acción, con objetivos ambiciosos y generosos subsidios que han alimentado el sector de la energía solar y eólica.

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